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Las Aguas de Mesa





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Las aguas de mesa son aquellas que procediendo de un manantial que emerge espontáneamente a la superficie de la tierra, o son alumbradas por los diversos posibles de las diferentes capas subterráneas, estén consideradas oficialmente como aguas mineromedicinales, hayan sido declaradas de utilidad pública y autorizadas para ser expedidas como tales en forma embotellada.

Todas las demás aguas que en el comercio se vendan embotelladas y que no reúnan estas determinadas condiciones, solo se podrán despachar como aguas medicinales o naturales, según estén adicionadas o no de productos o sustancias químicas autorizadas, pero sin aparecer en sus etiquetas la designación de aguas de mesa.

Por tanto, las aguas de mesa son aquellas que pueden utilizarse para bebida usual y que sean "mineromedicinales naturales".

Se excluyen por tanto de esta designación aquellas aguas medicamentosas y carbónicas preparadas artificialmente y todas las naturales que no sean mineromedicinales reconocidas oficialmente. Las aguas de mesa tienen tres valores fundamentales: higiénico, digestivo y terapéutico.

Valor higiénico
Las aguas de mesa son purísimas, no contienen gérmenes y además es más difícil en ellas su contaminación por el natural poder antiséptico que poseen por su composición química y propiedades biológicas que no pueden imitarse.

La pureza se debe a la profundidad de su origen, pues no dependen, como las aguas naturales de bebida usual, de las lluvias ni deshielos, que al filtrarse por las capas superficiales de la tierra arrastran gérmenes y detritos, y no digamos si se utilizan aguas de río y arroyos descubiertos.

Las aguas de mesa afloran espontáneamente o por medio de captados especiales, sujetos a las más rigurosas técnicas sanitarias, y además, por estar declaradas de utilidad pública, la misma ley sanitaria protege su captado, prohibiendo que en el perímetro de protección del manantial salutífero existan atarjeas, pozos negros y otras causas que puedan infectar los filones o minas de aguas medicamentosas y concretamente las de mesa.

Indicación primordial de las aguas de mesa por este valor higiénico, dada la gran pureza es que se empleen para evitar enfermedades e infecciones de origen hídrico, es decir, por el consumo de agua contaminada, como ocurre en las epidemias infectivas intestinales, tísicas y paratíficas.

Representan, pues, las aguas de mesa una garantía sanitaria para prevenir las enfermedades y, por tanto, de uso indiscutiblemente necesario en todos los viajes y cambios de localidad.

Valor digestivo
La clasificación italiana de las aguas minero-medicinales ideada por Guidi no es fundada en la composición química (aguas sulfurosas, cloruradas, bicarbonatadas), sino en las propiedades curativas o terapéuticas, y a las aguas de mesa que son químicamente en su mayoría alcalinas o bicarbonatadas las denomina digestivas.

Esta facilidad de la digestión, utilizando las aguas de mesa, se funda en sus propiedades de estimular la secreción de jugos en los que estén faltos de ellos y en la neutralización de los que padecen, por el contrario, exceso de ácido clorhídrico; facilitan el vaciamiento gástrico, movimientos intestinales, estimulan la absorción, regularizan el sistema nervioso visceral, etc., todo lo cual contribuye a la buena digestión.

Las aguas de bebida usual en cada localidad son diferentes. Hay pueblos y ciudades con aguas tan finas que apenas se diferenciarían de la destilada, tan pobres son de sales.

Otras, por el contrario, se llaman "aguas gordas" por su gran riqueza de sales de cal, que las hace indigestas cuando se toman en las comidas si el organismo no está habituado a ellas.

De todas maneras, la digestión se perturba con el cambio de aguas muy frecuentemente; de aquí que sea norma a seguir para conservar la salud beber siempre la misma agua cuando se viaja.

Con razón dice el viejo refrán: "El pan, mudado, y el vino y el agua, usados", es decir, variar de alimentación porque la monotonía de las comidas determina inapetencia y avitaminosis; en cambio aconseja que el vino y el agua sean los habituales.

Valor terapéutico
Indiscutible es el poder curativo de las aguas de mesa en las enfermedades del estómago, hígado, intestinos, riñón, páncreas y trastornos de la nutrición como gota, cálculos, etcétera.

España posee una de las más completa variedad de aguas de mesa, y compete a los médicos las indicaciones particulares de cada una de las variedades con arreglo a su composición y demás propiedades.

Las aguas acidulo-carbónicas están indicadas cuando hay deficiente secreción de jugo gástrico, mala digestión, etc., que precisan un agua estimulante. En los casos de ardores y molestias de estómago necesarias las aguas bicarbonatadas sódicas y cálcicas, así como las mixtas indicaciones tienen las afecciones hepatobiliares.

En reuma, artritis, intoxicaciones, litiasis, etc., son muy útiles las aguas de poca concentración salina, como son, en general, las bicarbonatadas mixtas. Representan pues las aguas de mesa un poderoso elemento, reconocido por la ciencia médica y la experiencia secular, para prevenir y curar enfermedades.
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