
Pues para hacer un programa de cocina de estofa, que no sea soporífero, no es suficiente, ni muchísimo menos, que el que lo haga sea un buen chef, con grandes conocimientos de cocina, es necesario e incluso diría yo imprescindible, que además sea un gran comunicador, con una cierta vena docente, que sepa transmitir y manifestar la esencia que tiene el plato en cuestión que está haciendo ante la cámara, explicándolo de una manera amena, distendida, sencilla y, por qué no, divertida, in situ, el proceso de elaboración de la especialidad correspondiente de turno.
Y esas especiales peculiaridades y características que debe tener un cocinero televisivo, las reúne, todas ellas,el Rincón, pues a lo largo de esos siete años ininterrumpidamente que lleva haciendo ese programa, ha sabido inculcar sobremanera el valor de la cocina andaluza, no solamente a su llamado público potencial objetivo, que ya sabemos todos cual es, sino que además ha despertado el interés, por la gastronomía de Andalucía, de muchos jóvenes andaluces que gracias a ello se han decantado por orientar su inclinación profesional por la cocina. Lo cual es una cosa muy significativa, teniendo en cuanta que la gastronomía es sin duda, el pilar más importante que sostiene el turismo en Andalucía. Un sector que hoy por hoy constituye la principal fuente de riqueza de esa región española, por lo que hay que procurar entre todos, que dicho sector sea de la máxima calidad para hacerlo lo más competitivo posible. Y una de las claves para lograrlo es fundamentalmente la formación.
Así que imagínense ustedes la importancia que tiene el que un programa de cocina funcione, en esa tierra. La responsabilidad de los directivos deCanal Sur es tremenda, a sabiendas que un espacio de este tipo, como ya he dicho anteriormente, no es solo y exclusivamente para llenar un hueco en la parrilla como es el de entretener, si no que debe servir para formar e informar del gran tesoro que tenemos los andaluces como es su impresionante legado gastronómico, que las diferentes culturas que han pasado por esas tierras sureñas han ido dejando a su paso.
He de decir, en honor a la verdad, queCanal Sur Televisión, desde sus inicio, siempre se ha preocupado y ha tenido muy presente el tema de la culinaria y gastronomía en general de Andalucía, porque en todo momento ha sido consciente del gran valor que ésta tiene y lo beneficioso que es para la región. Pues hay que reconocer honradamente que no es una novedad decir que la RTVA siempre se ha interesado y interesa por todo lo andaluz. Y lo cierto es que se hicieron muchas cosas de cocina, aunque todas magmas. Pero, sin embargo, hasta 1996, año en que se fichó aManolo Rincón, ninguno de los programas de esta índole, y fueron bastantes, llegaron a "cuajar" ni tener la aceptación que éste tiene. Y así se puede constatar.
Por eso digo, el no volverlo a poner, como en un principio se pretendía, hubiera sido un tremendo error. Y lejos de esa pretensión errónea, lo que Canal Sur debería hacer es todo lo contrario: centrar mucho más su atención en dicho programa, no dormirse en los laureles y mimarlo sobre manera, cambiando su formato, incluyendo novedades, nuevas secciones... todo lo que quieran, pero por encima de todo respetando la piedra filosofal llamadaManolo Rincón. Y fundamentalmente dotando al programa de un mayor presupuesto, pues se también, de buena fuente (si, fidedigna) que el que actualmente tiene es de lo más ridículo. No se puede ser cicatero con un espacio cuyo contenido trata de conservar, promover y divulgar uno de los elementos más importantes que realmente proporciona riqueza a Andalucía como es su gastronomía, como brazo imprescindible e insustituible del turismo.
Pero bueno, después de todo, los andaluces y los que amamos y defendemos sus fogones, tenemos que felicitarnos y aplaudir la inteligente decisión de Canal Sur de hacer retornar el programa en cuestión, pero ese aplauso sería más prolongado y sonoro si, además, se le dedicara más pecunia queel Rincón es un buen cocinero pero un mal mago y por lo tanto no puede hacer magia, ni mucho menos milagros.
José Oneto