Harina, azúcar, huevos, mantequilla, anís y levadura madre dan forma a las orejas, una receta que pide un especial mimo en su amasado y que detesta las prisas. El tiempo justo para que la levadura haga su trabajo es el seguro de la cocinera para conseguir las mejores orejas, que aparecerán crujientes y espolvoredas de azúcar glass.
Las rosquillas que se pueden hacer con esta masa también resultan muy sabrosas, aunque no en todas las casas se incluyen dentro de los dulces de esta época, al igual que ocurre con las torrijas, reservadas en muchos hogares para la Semana Santa.
Con un lugar igual de destacado en la tradición repostera popular se encuentran las filloas, unos crepes "made in Galicia" elaborados con leche, huevo, sal y harina, combinación que en las zonas rurales varía sustancialmente cuando se le añade sangre de cerdo. Blancas y con forma de luna llena salen muy calientes de las filloeiras (un tipo de sartén especial para cocinar las filloas), la piedra o el hierro, para que el goloso las disfrute a su antojo. Cualquier acompañamiento le va bien a este postre que, pese a su condición de dulce, admite con tranquilidad la mezcla con alimentos salados. Pero, para quienes deseen conocer su sabor más puro, ahí va nuestro consejo: enróllenla sobre sí misma con abundante azúcar, pongan una sartén -a falta de filloeira- previamente engrasada con una pizca de unto, calienten sobre ella la filloa hasta que adquiera un color caramelo y a disfrutarla.